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Pequeño Lacancito Ilustrado

Angustia

angustia significado

Angustia significado.

La palabra angustia proviene del latín “angustus” que significa estrecho. No es casualidad que fonéticamente coincida con el término angosto ya que ambas palabras poseen el mismo origen.

En latín, “angustus” hace referencia a un precipicio o abismo estrecho. La sensación de peligro al encontrarse frente a este tipo de paisaje tomó el nombre que los describía. Así, se paso del significado de un lugar físico (desfiladero, precipicio o abismo) al significado de la angustia como sensación. Esta familia de palabras iniciadas con “ang” provienen, a su vez, de la raíz indo-europea “anghu” que refiere también a lo estrecho.

angustia
Foto de Guilherme Rossi

En la antigüedad, parajes angostos como el fondo de los desfiladeros representaban grandes peligros para viajeros, comerciantes y los propios ejércitos. Estos, debían ser atravesados en fila, de una persona en vez, exponiéndose así a un ataque fácil o emboscada por parte de enemigos, bandidos o atacantes. De allí, el vínculo entre la denominación física en su nacimiento y su posterior desarrollo como concepto psicológico.

¿Qué es la angustia?

Pocos conceptos tan cotidianamente usados como “angustia” presentan tanta vaguedad, ambigüedad e interpretaciones variadas. Esta confusión no es menor y genera una distorsión importante en la comprensión de la dinámica estructural de la psicología y sus procesos.

En primer lugar, cabe destacar que la angustia no es una enfermedad ni una patología. Es un estado afectivo que sólo se convierte en padecimiento cuando su intensidad la convierte en detonante de grandes dosis de ansiedad. La angustia no es ansiedad, la desencadena. Tampoco es depresión, ni obsesión, ni miedo.

Suenan las alarmas.

La angustia es vital para la existencia por su función de alarma. En sus primeros “avisos”, da nota de la existencia de “algo” percibido interna y subjetivamente como “peligroso”. Es común, que ese primer aviso no generé una importante molestia ni desencadené una gran carga de ansiedad. Entre más señales son ignoradas, más intensidad cobra la angustia hasta desembocar en crisis de ansiedad o ansiedad crónica. Escuchar a la angustia, entender su aviso y hacer consciente el peligro del que nos habla evita que la ansiedad se active más allá de lo aconsejable.

Foto de sum+it

La causa de la angustia.

La causa de la angustia radica en el hecho de ser humano en primer lugar y de estar vivo o viva. La angustia, como afecto, es una dinámica del organismo. Un mecanismo de reacción primitivo de alarma frente a peligros. Si el peligro es externo y es definido, es miedo lo que sentimos. Si es interno e indefinido y lo externo es sólo un disparador, una excusa o una representación que despega ansiedad, es angustia.

Foto: Gerd Altmann

Los síntomas de la angustia.

Ya caracterizamos a la angustia como una alarma frente a un peligro a nivel profundo percibido pero no consciente y a la ansiedad como el proceso que se despega a partir de que “suena dicha alarma”. Siguiendo esta lógica, la angustia en su función de señal actúa como disparador de los síntomas que se generan a partir de la “desesperación” típica de la ansiedad cuando alcanza altos niveles de intensidad. La secuencia seguida bajo este esquema es: suena la alarma (me angustio), se despegan una serie de pensamientos anticipatorios ante la amenaza no precisa (me poco ansios@). Por último, se despega un protocolo de emergencia fisiológico que es leído como un conjunto de síntomas que alimentan la idea de peligro. Estos síntomas son lo que se conoce como reacción de lucha o huida y comprende entre otros:

  • Incremento de la actividad cardíaca y pulmonar.
  • Inhibición estomacal e intestinal.
  • Constricción de vasos sanguíneos
  • Aceleración del metabolismo.
  • Inhibición de la salivación y de las glándulas lagrimales.
  • Dilatación de las pupilas.
  • Visión de túnel.
  • Temblores.

Todo este despliegue orgánico, activado sin objeto de miedo aparente que lo justifique, es el responsable de los síntomas que algunos atribuyen a la angustia pero que es en realidad la reacción frente a ella. La ansiedad que se despega a partir de la angustia que actuó como alarma o señal.

Foto: PublicDomainPictures

La angustia según Freud.

En la obra de Sigmund Freud, la angustia es un concepto estructural y fundamental. A lo largo de los años, mientras su teoría evoluciona, varía el rol que le asigna y la secuencia que desarrolla. No es el objetivo hacer un recorrido histórico del pensamiento de Freud sobre la angustia ni tampoco desarrollar todos los conceptos involucrados en su extensa teoría. Sí lo es, describir sus últimas aproximaciones a la angustia donde la define como un estado afectivo, una señal de alarma ante una situación peligrosa cuya sede es el yo. A diferencia de su primera aproximación, afirma que la angustia con todo su poder es la causa de la represión y no a la inversa. Esto es: ante la señal de alarma, se busca reprimir aquello que el inconsciente ha percibido como peligroso. Básicamente, el “yo” busca escapar de ese peligro. De aquí surgen la ansiedad resultante y los mecanismos fisiológicos que tienden a dispararse en función de luchar o huir.

¿A qué le tememos?

Dos características asigna Freud a la angustia: que se trata de una amenaza interior y que este hecho no es conscientemente reconocido ¿Qué es lo que inspira el temor y acciona la alarma en la angustia? La propia libido, un monto de energía acumulada y no satisfecha que, al no ser descargada, presiona afectivamente sobre el “yo” desde el inconsciente activando la angustia.

Foto: janeb13

Esta dinámica se configura, para Freud, desde los primeros instantes de vida y es en los primeros años cuando se consolida de diferentes formas según el desarrollo de cada ser humano en particular. El nacimiento, momento traumático a nivel físico si los hay, desarrolla una marca. Una memoria afectiva con toneladas de estímulos ante un individuo indefenso tanto física como psíquicamente frente a tamaña sensación de peligro inmanejable. A partir de ahí, cuando el sujeto se encuentra ante otras situaciones en las que siente indefensión, y no pueda aliviar la presión con la descarga controlada, reactualiza la experiencia afectiva traumática original y la angustia se activa en relación y con la dinámica que su aparato psíquico adoptó. Esto es, como angustia “flotante y expectante”, que se ligara ocasionalmente a diferentes estímulos dentro de la neurosis de angustia. “Vinculada”, atada a representaciones fijas en el marco de la fobia. O como “acceso” o “estado”, prolongándose en el tiempo dentro de la histeria y otras neurosis.

La angustia según Lacan.

Jacques Lacan siempre se definió como “Freudiano” reconociendo la inspiración en la que basó su construcción psicoanalítica que no fue poca. Más que diferir de la visión de angustia de Freud, Lacan la incorpora a su teoría, ya no como eje central pero sí para reforzar el concepto de la angustia como “el afecto que no engaña”. Claramente, da a la angustia un papel fundamental como señal a ser escuchada y comprendida con atención. Lacan entonces potencia y ratifica el rol de la angustia como señal pero va más allá de las causas ya planteadas por Freud y la desarrolla en su relación con el deseo y las defensas del sujeto. Afirmando que no es de la angustia de lo que nos defendemos sino que la angustia ya es una defensa en sí misma. SI existe la percepción de un peligro interno, se activan defensas en función de preservar la estructura que se “siente” atacada. En este caso, la alarma como tal es considerada parte del sistema de defensas y sería la primera en activarse. Percepción de peligro interno-angustia como alarma-activación de los mecanismos de defensa, es la secuencia lógica del proceso.

La angustia según Lacan

Tenga cuidado con lo que desea.

Resulta fundamental en Lacan, su planteo acerca de la causa temida que activa la angustia. Para él, ese peligro no es otro que el propio deseo. Aquello que se me aparece como peligro es la idea de realización del propio deseo reprimido y condenado al sótano del inconsciente desde donde, una y otra vez, planea y ataca tratando de llegar a la superficie consciente. El “Otro”, concepto fundamental de Lacan, juega acá un papel protagónico porque es en base a él (al Otro) y a la realización de un deseo propio inaceptable a nivel consciente que suena la angustia y se disparan la ansiedad y las defensas. El análisis apunta justamente a desbaratar este juego neurótico que se repite una y otra vez haciendo consciente mi relación con “el deseo del Otro”, mi propio deseo desterrado y cómo me defiendo de todo este teatro de operaciones inconscientes.