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Pequeño Lacancito Ilustrado

Ansiedad

guía de la ansiedad

Ansiedad significado.

El término ansiedad proviene del latín “anxietas” y “anxietatis” que es cualidad del adjetivo latino “anxius” (ansioso o angustiado). Este adjetivo guarda relación con angere, verbo que remite a la acción de estrechar u oprimir de cuya raíz se desprenden palabras como ansia, angina y angustia.

Ya desde su origen etimológico, la ansiedad y la angustia se han relacionado fuertemente. Incluso, llegando a generar confusión, vaguedad, ambigüedad y distorsiones en la diferenciación entre ambas. En muchos casos, se muestran incluso como sinónimos. Esto imposibilita la comprensión de este fenómeno y su dinámica en toda su dimensión.

el estrecho túnel de la ansiedad
Foto de Cedric Lim Ah Tock

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es, concretamente, una respuesta de carácter emocional, conductal y fisiológica. Es un estado de alerta frente a un peligro percibido pero no identificado. Si el peligro es externo y está claramente identificado, hablamos de miedo y no de angustia o ansiedad.

La angustia es la alarma que da pie al despliegue de los mecanismos fisiológicos con los que la ansiedad prepara el cuerpo para enfrentar el peligro. Todas y cada una de estas reacciones, que responden a ese objetivo de alerta y atención extrema, son lo que a posteriori leemos como síntomas.

“Algo” presiona interiormente para aflorar desde el inconsciente. “Algo” que fue reprimido por lo cual es percibido como peligroso. Esta idea reprimida, originada en un trauma y guardada bajo 7 llaves, está ligada a una importante carga “energética” (libido) que potencia el carácter amenazante que activa la alarma.

La ansiedad y sus síntomas.

La dinámica fisiológica que se despliega a partir de la alarma (la angustia) constituye un esfuerzo por aumentar la energía activando, entre muchos, los siguientes procesos:

Incremento de la actividad cardíaca, pulmonar que se manifiesta en palpitaciones y respiración entrecortada con sensación de ahogo.

Inhibición de la función estomacal e intestinal de procesos digestivos producto de la reasignación de la sangre a músculos y procesos de defensa. Esto es el clásico nudo en el estómago.

Incremento del flujo sanguíneo a los músculos e incremento de la tensión muscular para brindarle al cuerpo fuerza adicional y velocidad.

Dilatación de la pupilas para potenciar la visión focal con la lógica pérdida de visión periférica.

Aumenta la sudoración en función de evitar el sobrecalentamiento del cuerpo producto del esfuerzo metabólico en proceso.

Palpitaciones, ahogo, garganta seca, cosquilleo en brazos y piernas, temblores, malestar estomacal, visión distorsionada, sudor y una sensación posterior de cansancio extremo son consecuencias lógicas de este proceso de defensa.

ansiedad y fisiología
Foto de Lorenzo

Ataque de pánico.

También conocido como trastorno de pánico, crisis de ansiedad o crisis de angustia, refiere a la irrupción repentina y aislada de ansiedad de alta intensidad. La denominación de pánico refiere al terror que despega tamaña reacción fisiológica sin un objeto o situación externa que permita procesar psíquicamente el acontecimiento.

La amenaza de carácter inconsciente activa la angustia como señal de alarma. A partir de ahí, se despliegan todos los mecanismos fisiológicos de lucha o huida. La mente, confundida por la situación, deposita en los síntomas la causa del peligro. De ahí, la sensación de locura (pérdida de la razón) o muerte (ataque cardíaco, ACV, etc.) típica de estos episodios.

Miedo al miedo.

Así como irrumpe, el ataque desaparece por la incapacidad natural del cuerpo de prolongar el despliegue fisiológico más allá de 20, 30 o 40 minutos. No obstante, la sensación de indefensión experimentada durante el primer ataque y la incapacidad de procesar lo sucedido marcará la repetición y afectará la rutina diaria del padeciente. ¿Y si me vuelve a pasar? será la terrible pregunta que dará pie a los nuevos episodios.

Ignorar el origen inconsciente, conduce a la búsqueda equivocada de “apagar” la reacción de alarma como si el síntoma fuese la causa y no la consecuencia. El uso de medicación, recomendado en casos intensos, es efectivo sólo si acompaña el tratamiento necesario para desterrar la causa original mediante análisis o terapia psicológica. Caso contrario, sólo adormecerá los sistemas de defensa, generarán dependencia y dejarán el problema latente a la espera de una nueva forma de llegar a la superficie.

Foto de Stanley Morales

Trastorno de ansiedad generalizado (TAG).

La persistencia en el tiempo del estado de ansiedad es la característica diferencial del trastorno conocido como TAG. En este caso, la señal de alarma (la angustia) parece permanecer activa sin detenerse. A diferencia de los ataques de pánico que aparecen, sorprenden y luego desaparecen, aquí la angustia es permanente y mantiene el estado de alerta en funcionamiento.

La angustia y ansiedad constantes desgastan, además de psíquica, físicamente el cuerpo alterando la posibilidad de un desarrollo pleno en el día a día. Trastornos del sueño, irritabilidad, cansancio y desgano son sólo algunos de los factores que impactan en las relaciones, el trabajo y el disfrute de cualquier actividad cotidiana.

La angustia y ansiedad en este caso, adoptada un actitud “flotante” enlazándose con diferentes objetos, personas y situaciones que mantienen la preocupación y el miedo a lo largo del tiempo. Los signos físicos de este exceso de atención y foco pueden incluir: inquietud, tensión, agitación, temblores, dolor de cabeza, mareos, dolores musculares y pérdida de peso entre otros.

Factores biológicos, ambientales y alguna predisposición genética pueden ser el origen de esta aflicción que, según investigaciones y estadísticas, es perfectamente tratable mediante diferentes psicoterapias que brindan una salida a quienes la padecen.