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Pequeño Lacancito Ilustrado

Batirse a duelo

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Aprender a perder

Queremos todo por eso sufrimos. Pretendemos logros, pero sin fracasos. Amor pero sin odio. Vida, pero sin muerte. Nos empeñamos en ganar siempre y así quedamos fijados en lo perdido, haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantenerlo presente de la forma más angustiante: desde la no aceptación de la perdida. Batirse a duelo con la ausencia es inevitable para avanzar.

perdida y dolor
Foto de Andy Li

No, no y no

Negamos la pérdida. Cuestionamos la lógica e intentamos, sin éxito, construir una nueva. Una realidad en la que no perdimos lo que perdimos. No aceptamos el final físico de lo amado. Lo que alguna vez fueron alas para elevarnos se convierte, con su pérdida, en un pesado ancla que detiene el tiempo y nos impide avanzar.

Pérdida y duelo
Foto de Ralf Skirr

La función del duelo

El duelo es tan inevitable como la pérdida. Su ausencia -la del duelo- no es otra cosa que la negación de la ausencia de lo perdido. El duelo hace presente la ausencia para que usted pueda procesarla, resignificarla, reacomodarla en lo que el psicoanálisis llama su propia recomposición subjetiva. Después de una pérdida, usted se rearma para seguir. Acomoda en su interior las piezas cargadas de afecto con un nuevo orden, en una nueva combinación que impide que usted se pierda con lo perdido en una dimensión paralela que si bien no lo mata, lo mantiene afuera de la vida. De los afectos que aún están, de los placeres que siguen, de los nuevos desafíos, nuevos logros y, también, nuevas perdidas. Porque, si está vivo o viva, va a volver a perder. Se lo aseguro. Pero también va a volver a ganar.

batirse a duelo
Foto de Alex Smith

Cuando falta la pérdida

En este batirse a duelo, a veces intentamos hacerle trampa al dolor de la pérdida, con un intento imposible de sustitución. Al sufrir una pérdida importante, se abre un agujero en usted. Falta algo. La falta, que es constitutiva de su ser y motor de su deseo, es prima hermana de la pérdida. Llenar el vacío que dejó la pérdida con algo nuevo o existente es imposible y no es el camino que propone la elaboración del duelo. Todo lo contrario. Es más bien un atajo que no lleva ningún lugar. Si perdí un hijo, puedo tener otro. Pero siempre será otro. Puedo amarlo pero no reemplazará al que perdí. Aceptar los finales permite nuevos principios.

elaborar el duelo
Photo by Zeynep

La trampa

En cuestiones de pérdidas, intentar acortar el camino del duelo es garantía de prolongar el dolor indefinidamente. Soltar, ese verbo tan de moda en frases de redes sociales, es una metáfora cercana al duelo aunque encierra un error conceptual. Usted nunca tuvo lo que ahora suelta. Lo que suelta en el duelo no es la persona amada, es el dolor por todo lo que usted depositó en esa persona amada, es la culpa -producto de su narcisismo y omnipotencia- que le hace sentir que usted podría haber evitado lo inevitable, es la bronca reprimida de sentirse abandonado o abandonada por lo perdido.

soltar
Foto de Alexander Lam

Todo no se puede

Frente a la falta, usted se enfrenta a la castración del “todo no se puede”, del “para ganar hay que perder”. Frente a la pérdida, en cambio, usted se siente indefenso ante el vacío de la inexistencia del Otro. La angustia, que nunca engaña, lo está esperando a la vuelta de la esquina de cada pérdida para que, con el tiempo de duelo, usted pueda convertirla en dolor, en tristeza y seguir adelante. Es necesario aquí, poner “nombre” a la pérdida, darle entidad, subjetivarla para que con una pérdida, por más significativa que sea, no se pierda usted en ella y con ella.

Foto de Artem Maltsev

Usted tiene la palabra

En “Duelo y melancolía”, Freud atribuye a la melancolía la condición de no delimitar aquello que se ha perdido, haciendo imposible cualquier proceso de duelo ¿Cómo podría usted procesar y asimilar la perdida si no sabe lo que perdió? 

Hablar de la pérdida es el camino al momento de batirse a duelo. Hable. Ponga en palabras, no importa cuales, no importa el orden, no importa la sintaxis, no importa el momento, no importa nada que no sea dar entidad a su pérdida. No porque el duelo sea un problema dialéctico o racional sino porque, al ponerlo en palabras, lo saca del abismo de lo que Lacan llama lo real, ese oscuro lugar donde nada puede significarse, procesarse, simbolizarse. Palabras y tiempo son sus valiosas herramientas para atravesar el duelo y no perderse en y con lo perdido. Úselas.

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross supo inscribir en 5 fases el camino a recorrer en este batirse a duelo:

  1. Fase de negación.
  2. Fase de enojo, indiferencia o ira.
  3. Fase de negociación.
  4. Fase de dolor emocional o depresión.
  5. Fase de aceptación.

Esta es la hoja de ruta, es el camino que lo lleva a sus nuevos destinos o, mejor dicho, que lo trae de vuelta para continuar con su vida y honrar lo perdido sin olvidarlo porque siempre siempre va a estar en usted. 

Terminamos por hoy.

Elena Roger – Las Cosas Tienen Movimiento.