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Pequeño Lacancito Ilustrado

Deseo

Deseo significado.

Este término proviene del latín vulgar “desidium” que a su vez tiene su origen en el latín clásico “desidia” que significa “pereza” u “ociosidad”. Emparentado con el verbo “desidere” que refiere a “detenerse” o “permanecer sentado”. “Desidium”, a su vez, se transformó con el influjo del verbo “desiderare” que significa “anhelar”, “echar en falta” o “echar de menos”. Gracias a esto, los usos semánticos de las palabras “desear” se ampliaron al francés con “désirer” o al inglés con “desire”.  De todo esto, se desprende que el deseo remite a una acción, es decir aquello que es opuesto al reposo.

Pedir un deseo
Foto de Nick Reynolds

¿Qué es?

El deseo es un flujo psíquico vigorizado por la energía que le brinda la pulsión, vigilado por las prohibiciones y sometido siempre a impulsos. Trazado por la realidad, es invocado por la fantasía que es su fuente. En su dinámica, lo impulsa la fantasía y lo censura la propia realidad. De aquí, se desprende el concepto de que a mayor prohibición, mayor deseo.

Por definición, el deseo está reprimido. Levantar esa represión, producto de la movilización que genera el análisis, conduce a su reconocimiento y al reconocimiento de la imposibilidad de su realización. He aquí otra de sus características fundamentales: es metonímico, siempre se desplaza.

Lo prohibido y lo deseado
Foto de Sarah Kilian

¿Cómo funciona?

El deseo surge de la insatisfacción, de la falta, de ese querer siempre algo más que le permite al sujeto circular y mantenerse vivo. Todo deseo es sustituto de uno anterior y será sustituido por el próximo.

Para actuar, el deseo debe enfrentarse a la culpa y superarla. Existe gracias a la falta. Pretender tapar la existencia de la falta, como factor constitutivo y permanente del sujeto, lleva a la equivocada fantasía de creer que un objeto será capaz de eliminar esa falta y generar una completud. Esto jamás sucederá. Siempre experimentaremos la falta. Cada deseo dará paso a otro una vez satisfecho y así se mantendrá la vida en movimiento.

falta y deseo

Pulsión y deseo.

El deseo necesita de dos variables: de la pulsión, para darle fuerza, y del amor para darle sentido. La pulsión le brinda al deseo el empuje necesario para buscar su realización. El amor, por su lado, le brinda la posibilidad de mantenerse vivo más allá de que la pulsión haya sido satisfecha. Sin amor, el deseo no tiene anclaje en ningún objeto de amor y pasa de objeto en objeto.

El destino de la pulsión es el deseo. La pulsión, por sí sola, sólo admite destrucción, poder y muerte. El amor brinda a la pulsión un objetivo que le permite encauzar su fuerza. Sin amor, la pulsión es sólo poder, destrucción y violencia.

La pulsión es una fuerza vital, instintiva y ciega. La pulsión siempre necesita un otro. Sin él, no tiene forma de encauzarse y muere. El primer otro, el gran Otro, es la madre. El deseo materno se constituye entonces en la primera gran necesidad del ser humano para construirse o estructurarse psíquicamente y evitar así caer en la fragmentación o en la psicosis.

Foto de Liv Bruce

El deseo para Freud.

Sigmund Freud entiende que el deseo está siempre en la búsqueda de un objeto perdido. Se considera perdido pero, en realidad, ese paraíso perdido jamás existió. Así, para Freud, el deseo tiende siempre a la regresión. A regresar al pasado buscando, en esta nostalgia, ese objeto.

Para él, el deseo es por definición insatisfecho, nunca puede ser colmado. Siempre queda un resto de insatisfacción. Pueden existir momentos de plenitud. Pero no la satisfacción permanente ni la felicidad continua.

Para Freud, el deseo se ve obligado a dar un rodeo para alcanzar su satisfacción. Pero el llamado cumplimiento de deseo no existe. Es sólo una alucinación, el camino hacia atrás.

Los primeros deseos, son para Freud, los infantiles y son indestructibles. Ellos permanecen toda la vida y pujan por hacerse reconocer y por su realización. Pero esta realización es imposible. El deseo siempre va a ser “deseo de otra cosa”. Lo que se tiene, ya no se desea.

Freud y el deseo
Sigmund Freud

El deseo para Lacan.

Para Jacques Lacan el deseo es deseo del deseo del otro. No es sólo deseo de un objeto. Es desear el deseo del otro y es, también, deseo de reconocimiento. Por un lado, deseo de que el otro reconozca su propio deseo y, por otro lado, deseo que me reconozca. Para Lacan, el deseo humano “es el deseo del Otro”, de ese primer gran Otro: la madre.

Lacan diferencia los términos “deseo”, “necesidad” y “demanda”. La necesidad habla de una satisfacción biológica. La demanda es siempre demanda de amor incondicional. También diferencia “deseo” de “pulsiones”. Las pulsiones, sostiene Lacan, son muchas pero el deseo es uno y es, fundamentalmente, inconsciente.

El objetivo de la cura en análisis es, para Lacan, llevar al sujeto al reconocimiento de su deseo inconsciente, que pueda nombrarlo y articularlo en palabras, aunque quede un resto que no pueda ser dicho y puesto en palabras.

Lacan y el deseo
Jacques Lacan