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Pequeño Lacancito Ilustrado

Golpe de estado emocional

golpe de estado emocional

Cuando el pánico ataca

Empezamos mal. No es el pánico el que ataca. Es el deseo y para ser más precisos: la angustia que este genera. No se trata de un deseo auto generado en usted sin intervención exterior. Nunca es así. Usted está en función de complacer un deseo del que no puede apropiarse y al cual está atado: el deseo del Otro. No es su deseo en relación al Otro, es directamente el deseo del Otro.

Deseo y ansiedad
Foto de Alexis Fauvet

En qué lo puedo servir?

Lo que lo angustia, despega su ansiedad y el pánico es la proximidad. La excesiva cercanía del deseo del Otro en relación a usted. Ese Otro, con mayúscula, no es un otro cualquiera. Es una construcción. Alguien en quien usted ha depositado un supuesto saber, un poder. ¿Qué me quiere? Dirá Lacan para expresar esa construcción hipotética. ¿Quiere algo de mí? ¿Me quiere hacer algo? ¿Para qué me quiere? Note como su narcisismo trata inconscientemente de ganar un lugar imaginario de privilegio frente a ese Otro. Ocupar un lugar fundamental en el deseo hipotético de ese Otro.

Foto de Robert Zunikoff

La angustia como alarma

Este servir al deseo de un Otro y no al suyo tiene un precio que usted paga en cómodas cuotas de sufrimiento psicológico y físico. La angustia, ese afecto que nunca lo o la engaña, es la señal de alarma que trata de avisar a su “yo”, a su parte consciente, acerca de este juego que se viene desarrollando inconscientemente, donde lo que esta en juego es precisamente su ser sujeto, la auto-percepción de su razón de existir. O sea, nada más y nada menos que su existencia. Es de destacar, que en los mal llamados ataques de pánico, es la sensación de muerte o locura el rasgo distintivo ¿Qué me está pasando? Siento que me voy a morir. Siento que voy a enloquecer. Siento que no tengo el control sobre mí. Siento que estoy dejando de ser.

La angustia como señal
Foto de Jalen Hueser

Matar al mensajero

Usted, como todo ser humano, nació para ser sujeto de su deseo. Cuando a lo que se haya sujeto es al hipotético deseo del Otro en desmedro de su propio deseo, su subjetividad -¿Quién soy?¿Qué soy?- comienza a correr peligro. La angustia le avisa. Usted, sin ser consciente, despliega mecanismos inconscientes para acallar esa alarma. Usted cree que la angustia es el problema. Usted intenta matar al mensajero. Por eso, sus esfuerzos son en vano. Si usted pudiera atravesar la angustia, llegaría a la comprensión del verdadero peligro que lo atormenta y lo consume y podría darle la sana resolución que tanto desea. Al atacar a la fiebre y no a la gripe, la fiebre vuelve una y otra vez para avisarle que sigue con gripe.

causa y síntoma
Foto de Weenail

Eramos pocos y llegó la ansiedad

Hasta acá, la angustia. Claro que cuando se habla de “ataque” es porque se suma un ingrediente no menor: una gran carga de ansiedad. Hay quienes equivocadamente describen a la angustia y a la ansiedad como sinónimos. Pues bien: no lo son. La ansiedad recubre a la angustia y le da el carácter de urgencia. Entre más ansiedad, más urgencia. Es decir: menos tiempo para resolver “eso” que está atacando. Cuando las cargas en juego, por diferentes factores, se incrementan más allá de lo habitual, se produce en usted una especie de golpe de estado emocional con la colaboración de su brazo armado más poderoso: su cerebro primitivo o, en palabras del psiquiatra norteamericano Paul Mclean, su conjunto reptiliano.

el cerebro reptiliano
Foto de Robina Weermeijer

3×1 en cerebros

El modelo establecido por MacLean, divide al cerebro en tres resultado de una evolución: el complejo reptiliano, el sistema límbico y el neo córtex. Donde el complejo reptiliano toma decisiones automáticamente con el objetivo básico de mantener su supervivencia. El sistema límbico relaciona los instintos de supervivencia con el mundo exterior generando así las emociones y el neo córtex gestiona esas emociones creando sentimientos más duraderos y elaborando decisiones a partir del análisis y el razonamiento.

Ante la señal de alarma potenciada que irrumpe como rayo y despliega ansiedad en grandes cantidades, su cerebro reptiliano despliega, a su vez, una estrategia de defensa orgánica automática que, lejos de ser percibida como remedio, se convierte en parte fundamental del problema. Ante la sensación de peligro inminente sin procesar, su corazón aumenta sus latidos para llevar un mayor caudal de sangre a sus músculos y poder así enfrentar la amenaza pero usted percibe esto como un próximo ataque cardíaco, lo que aumenta la carga de ansiedad. Sume la hiperventilación que genera ahogo, el ácido láctico liberado hacia sus músculos para correr o pelear que genera un molesto hormigueo, el sudor frio y el estomago que busca vaciarse para poder huir del peligro.

Todo este conjunto de mecanismos diseñados por la naturaleza para que el organismo pueda enfrentar una situación de peligro extremo se activa sin que su yo “consciente” haya podido reconocer, registrar o identificar peligro alguno. Lo que potencia la confusión y alimenta la percepción de peligro inminente atribuido ahora a alguna falla orgánica grave en proceso.

pánico
Foto de meo

Prevenir es peor que curar

Por el gran despliegue de energía que exige, este proceso no puede extenderse demasiado en el tiempo. Al cabo de minutos, siempre y cuando no se desmaye antes como forma de huir, el episodio se desvanecerá quedando usted como una hoja que ha sido sacudida por un huracán. Lo impreciso de todo lo sucedido hace que usted no pueda dar una explicación satisfactoria a otros de lo que pasó. Ni siquiera se la puede dar a usted mism@. Esto colabora en potenciar la idea de aislamiento ante un futuro ataque. En próximos episodios, tratará de alejarse rápidamente para resguardarse en un lugar afectivamente seguro -su casa por ejemplo- y, fundamentalmente, se esforzará en estar sin compañía para evitar las tan molestas explicaciones que refuerzan su ansiedad y su angustia por ignorar lo que está sucediendo más allá de los síntomas.

el lugar seguro
Foto de Weenail

El que se quemó con leche ve una vaca y llora

A esta altura resulta evidente que, una vez sucedido el primer episodio de pánico, comienza a temer la llegada del próximo. Ante la menor señal, se dispara una y otra vez el arsenal de síntomas descripto. La vida se ha convertido en la tensionante espera de un próximo ataque. El pavor expectante. Ante cualquier dolor o molestia, se preguntará si es el comienzo de un nuevo acceso de pánico e ira incorporando a su lista lugares a evitar, por ejemplo el subte, el tren, su trabajo, etc. Esta evitación, más la espera del momento en que sufrirá un nuevo ataque, reducirán en mucho el tiempo, las situaciones y los lugares de disfrute y placer.

la ansiedad cierra caminos
Photo by Goh Rhy Yan

Paren el mundo me quiero bajar.

Salir de este círculo requiere plantarse firme frente a la urgencia que plantea la ansiedad en un primer momento para pasar luego a un doloroso encuentro con la angustia de habernos convertido y de haber vivido en función del deseo de Otro depositado en otros. Atrás de todo esto, nuestro auténtico deseo espera por nosotros. Puede ser que el bienestar tarde en llegar pero al final hay recompensa.

Terminamos por hoy.

Mercedes Sosa y Gustavo Cerati – Zona de Promesas