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Pequeño Lacancito Ilustrado

La culpa es suya

¿Por qué? Seguramente, por situaciones que están más allá de su responsabilidad. Descubramos de qué se trata este mecanismo. Es imposible entender la culpa sin hablar primero del castigo. No cabe duda de que el castigo es, y ha sido históricamente, de gran utilidad al momento de regular las conductas sociales. Pero su poder es tal que traspasa la esfera social y se internaliza en la vida privada de cada uno de nosotros. Incluid@ usted, por supuesto. Cargado de influencias culturales, morales, religiosas, legales y hasta familiares, el castigo suele convertirse en auto-castigo que usted puede autoinfligirse como respuesta a alguna transgresión, real o imaginaria ¿Cómo llegó usted a sentirse culpable? Acompáñeme al principio.

Foto de Dessie_Designs

Había una vez

Sin ser conscientes, sus padres y usted sellaron un acuerdo “tácito”: usted recibía el amor de ellos a cambio de renunciar a sus satisfacciones pulsionales. Es decir: a hacer lo que a usted se le antojara. En consecuencia, usted debió debatirse inconscientemente entre dos bienes invaluables: el amor de sus padres -por un lado- y hacer lo que usted quería -por el otro-. Tener uno, implicaba necesariamente perder el otro. Si quiero el “amor del otro” tengo que pagar con la renuncia a mi satisfacción pulsional. Acto seguido, al sentir que “traicionaba” al otro por hacer lo que usted quería, aprendió a autoinflingirse un dolor psíquico que lo acompaña desde entonces. Este dolor psíquico es, nada más y nada menos, que la culpa.

La culpa comienza en la infancia
Foto de Caleb Woods

Culpa: manual del usuario

A esta altura, podemos afirmar que la culpa es un afecto. Un afecto que le resta bienestar a su persona y que resulta de una tensión entre su “yo” consciente y la entidad psíquica que, de forma inconsciente, actúa como autoridad en usted: su “superyo“. En el principio, la culpa era producto del conflicto entre su satisfacción pulsional -lo que quería hacer- y el amor de los otros -sus padres-. Pero, ahora, es el resultado de otro conflicto de índole interno entre su satisfacción pulsional y el amor o reconocimiento de su superyo. Para usted obtener su propia aceptación y sentirse “libre de culpa”, debe mantener el pacto, ya no con un “otro” externo, sino con su propia “autoridad” interna. Paradójicamente lo que usted llama su “conciencia” resulta ser su superyo inconsciente. Conciencia, cargo de conciencia, toma de conciencia o como quiera llamarlo no es otra cosa que una voz interna que lo obliga a confesar sus supuestos pecados y buscar autoinfligirse un castigo a cambio de obtener la absolución o el perdón de su superyo y evitar así la angustia que la culpa despierta.

Foto de aytuguluturk

Aclaramos por si oscurece

Es necesario aclarar, que en todo este recorrido, buscamos en el origen y mecanismo psíquico de la culpa un sufrimiento innecesario que puede aquejarl@ cuando usted, persona mentalmente sana, se siente obligad@ a dejar de lado su propio deseo, sus creencias u opiniones para no “lastimar” o perder el amor de otros. De ninguna manera, pretende esto avalar la violencia física, psíquica o mental de personas desequilibradas, psicópatas o borders bajo la bandera de la libre realización de sus satisfacciones pulsionales. De modo que si usted pertenece a este último grupo, le sugiero entregarse a las autoridades correspondientes ya sean policiales o psiquiátricas.

Advertencia sobre la culpa
Foto de NeONBRAND

La Culpa Sociedad Anónima

A este mecanismo básico y fundacional de la culpa, podemos ahora sumarle matices propios de la época en que vivimos. Usted habrá notado que hechos o conductas que antes ameritaban una fuerte condena social hoy han dado un vuelco hacia la indiferencia en algunos casos y hacia cierta admiración en otros. La impunidad, antes vista con muy malos ojos y condenada al destierro, hoy es en gran parte valorada como atributo de inteligencia para transgredir la ética social y hasta las leyes ¿Por qué pasa esto se preguntará? La respuesta está en el goce como valor que empuja a la obtención de la máxima satisfacción posible de la pulsión propia caiga quien caiga. Seguramente habrá notado como personajes públicos, algunos incluso probada y legalmente culpables, lejos de ser condenados socialmente o experimentar culpa son objeto de idolatría social por gran parte del público. El imperativo del goce es justamente eso: si usted no goza, usted es un fracaso para el modelo social que propone hoy el status quo.

La culpa y la sociedad de consumo
Foto de Sharon McCutcheon

Culpable de no gozar

Usted ya comprendió que su superyo es proclive a castigarlo con la culpa estructural y básica que se le plantea entre la satisfacción de su pulsión y el amor de los otros. Ahora le sumo a Lacan que añade otro aporte a la culpa que lo atormenta, más compleja pero mucho más actual: la culpa por no gozar lo suficiente, por no ser feliz con todos los objetos que la sociedad de consumo pone a su alcance. Por un lado, usted es castigado por buscar la satisfacción de su pulsión, por otro lado, es castigado por no gozar más ¿Ahora comprende porque tanto ataque de pánico, crisis de angustia y trastornos psicológicos de todos los tipos y colores? Y sí: la olla a presión, presiona.

Foto de Markus Spiske

¿Cómo se declara?

Entre otras cosas, puede que usted se sienta culpable de gozar poco. De la mano del “nothing is impossible, además de zapatillas y ropa deportiva, nos han vendido la ilusoria promesa de que la falta no existe, de que podemos todo, de que no tenemos límites. Y nos han dicho cómo se consigue. O mejor dicho donde comprarlo. Usted tiene que tener un cuerpo torneado, dinero en abundancia, muebles escandinavos, celular de última generación, miles de seguidores en redes sociales, viajes por el mundo y lo que se le ocurra dentro de la oferta que el mercado de turno maneja. Todo parece decirle: no sea idiota, sea feliz quiere!!! Puede ser que le cueste un poco pero para eso también le ofrecemos psicofármacos y todo tipo de estimulantes para mantenerlo despierto primero y para que pueda dormir después. Pero no se preocupe. Todavía hay esperanza. Cambiar la culpa por la responsabilidad de hacernos cargo de nuestra propia vida, dejar de perseguir la perfección imaginaria, ser quienes somos y perdonarnos por no ser lo que creemos que los demás esperaban de nosotros puede ser el camino más seguro para recuperar nuestro deseo y, porque no, también nuestra inocencia.

Terminamos por hoy.

Beautiful – Christina Aguilera