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Pequeño Lacancito Ilustrado

La nueva anormalidad

la nueva anormalidad

La neurosis en tiempo de covid-19

Mucho se habla de la nueva normalidad. Nada se habla de la anterior, o de la nueva, anormalidad. Los optimistas creen ver en esta pandemia una mágica oportunidad que nos abrirá a todos y todas las puertas de un mundo evolucionado, ecológico, sustentable, más humano… ¿Más humano?

Lo humanamente posible

El adjetivo humano parece esconder un mandato simplificador cargado con una patina de nueva moralina que pretende ordenar, como si fuese ropa en los cajones de un closet, nuestro instinto, nuestra complejidad y nuestra subjetividad. Todo en nombre de una sociedad distópica y naive con seres humanos anestesiados en pos de un supuesto bien común impuesto por una nueva versión del status quo de siempre.

nueva anormalidad y rebaño
Foto de Ahmed Zayan

Dos caras de la misma moneda

Desde la vereda de enfrente, los pesimistas parecen afirmar lo opuesto. Pero ¿Es lo opuesto? ¿No es acaso el pesimismo un giro de 360º que termina en el mismo lugar? Blanco y negro, cara y ceca, todo y nada, siempre y nunca. Nada va a cambiar y todo va a ser peor de como era antes, de como fue siempre y de como seguirá siendo. Así de absolutos y simplistas resultan tanto el optimismo como el pesimismo ¿Volvemos a la normalidad de antes o volvemos a la anormalidad de antes? ¿Vamos hacia una nueva normalidad o hacia una nueva anormalidad?

Foto de David Rico

Impossible is nothing?

La discusión parece centrarse entre una normalidad vieja y una nueva. En medio de un huracán informativo que -lejos de informar- lo o la confunde con miles de datos vagos, ambiguos y hasta contradictorios, usted busca lo imposible: una certeza inexistente de cómo será el futuro. Su futuro. Es imposible saber lo que va a pasar. Sin embargo, su angustia impulsa a su ansiedad y lo o la lleva al sufrimiento imaginario de creer que puede saberlo. Dice Lacan: La ansiedad es pavor expectante. Lo terrible, lo peor, lo temido espera por usted a la vuelta de la esquina y usted siente la imperiosa necesidad de evitar aquello que no puede: el futuro. Es más, aunque su imaginación dicte lo contrario, nunca pudo. Planificar algo sobre un escenario predecible, sí. Conocer el futuro, no.

anormalidad y futuro
Foto de Shreyas shah

La nueva anormalidad: cuando la mentira es la verdad

Claro que usted no está loco o loca. La crisis económica, el desmadre mundial y un virus amenazante han impuesto repentinamente un nuevo escenario en su vida. Producto de esto, el escenario anterior pasó a adquirir el estatus de “lo normal”. Aquello a lo que usted, y aparentemente todo el mundo, quiere volver. Permítame introducir a Erich Fromm, psicoanalista, psicólogo social y filósofo. Ya en el siglo pasado, Fromm realizó una perfecta descripción de la patología del hombre normal socialmente adaptado. ¿Le suena? Para él, la normalidad medida por la norma nunca fue sinónimo de cordura, salud mental y bienestar. Es más, ya desde el sistema y la estructura social misma, la normalidad a la que tanto deseamos volver, resulta patológica.

Foto de Joël de Vriend

Todo tiempo pasado fue peor

Antes de que incorporásemos a nuestro diccionario cotidiano palabras como covid-19, coronavirus, pandemia, cuarentena, infectados, respiradores y otras; la realidad social e individual de la mayoría pedía a gritos un cambio. Inflación, pobreza, guerras, desastres naturales, contaminación, adicciones, desigualdad de género, femicidios, pedofilia, bullying, racismo y miles de etc. eran nuestra normalidad ¿Recuerda lo felices que éramos?

nueva a-normalidad
Foto: Burst
Extrañamos los abrazos y el contacto físico humano pero ¿Tanto los valorábamos hace apenas unos meses?

Vamos hacia algo nuevo, no cabe duda. Pero no es una nueva normalidad. Porque la humanidad nunca fue normal. No, al menos en el sentido de bienestar, coherencia y salud mental. Sí, podemos anticipar una nueva anormalidad diferente a la anterior. Habrá que ver si para mejor o para peor de cada uno.

Lo que viene, si lo dejamos venir

Está en cada uno, aprovechar este momento particular de la historia para sentarnos a conversar con nuestra angustia. Que no es nueva como el virus, es la de siempre. Quizás entonces aplaquemos la ansiedad junto con esa necesidad agotadora de controlar compulsivamente todo para mantenernos a la altura de lo que imaginamos que se espera de nosotros. Después de todo, incluso de esta pandemia, lo normal debería ser poder ser uno mismo y disfrutar del hecho de estar maravillosamente desamparados ante el mundo.

Terminamos por hoy.

José Sacristán – Solos en la madrugada