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Pequeño Lacancito Ilustrado

Obsesión

significado de obsesión

Obsesión significado

La palabra “obsesión” deriva del latín “obsessio” que significa “asedio”,” sitio” o “bloqueo” y su correspondencia con el término “obsessionen” que significa “ocupar”, “morar”, “habitar” pero también “sitiar”, “cercar” o “apoderarse de”. El prefijo “ob” indica o significa “hacia”, “a la parte de”, “delante de” o “sobre”. La voz “sèdere”, en cambio, significa “estar sentado”, “estar ocioso” o “establecerse”. Una obsesión entonces remite a “una idea que se establece o se internaliza” (sédese) sobre (ob) nuestra mente.

una fortaleza en el desierto
Foto de Maarten Brakkee

¿Qué es la obsesión?

El Diccionario de la Real Academia Española define a la obsesión como una perturbación anímica producida por una idea fija. También la define invirtiendo los términos. Es decir: como una idea recurrente o fija que condiciona una determinada actitud. Estas definiciones describen superficialmente un síntoma pero no llegan a retratar la dinámica, el alcance y la relevancia que este término encierra para la psicología y el psicoanálisis.

Las estructuras clínicas en psicoanálisis

Jacques Lacan definió tres grandes cuadros a los que denominó Estructuras Clínicas cuyo objetivo consiste en agrupar y comprender un gran número de comportamientos que reflejan la posición subjetiva que cada ser humano adopta frente a sus relaciones, su trabajo y el mundo en general. Las Estructuras definidas son tres: neurosis, psicosis y perversión. La estructura neurótica, a su vez, contiene a las dos modalidades fundamentales dentro de la teoría psicoanalítica: la neurosis histérica y la neurosis obsesiva.

Estructuras psicoanalíticas
Foto de Patrick Tomasso

Pensar versus sentir

Es común escuchar a gente definirse como obsesivos con el trabajo, con el orden, etc. La neurosis obsesiva es algo más que ese uso social y superficial que se le asigna al término. En la neurosis obsesiva, los afectos son desplazados para evitar sentirlos. Predomina una especie de aislamiento emocional y una dinámica de pensamiento circular denominada “rumiación mental”. Todo esto puesto al servicio de evitar la vivencia de sentimientos amorosos que, en el obsesivo, se encuentran cargados de hostilidad.

Estas representaciones mentales o ideas fijas que irrumpen el sujeto son de un carácter irrefrenable e insoportable. A su vez, se presentan en forma de “causa-consecuencia”: -si hago esto, sucederá esto otro. Dando a ese “esto otro que sucederá” un tinte mortal y dramático. Por el otro lado, un estado o carga afectiva persiste en la neurosis obsesiva asociada a la rumiación mental. Una emotividad que incluye angustia, duda, ira, remordimiento y, la infaltable, culpa.

pensar vs. sentir
Photo by Erik Aquino

La obsesión por defenderse

Las ideas que ocupan la mente en el sujeto son sustitutivas de la idea original que generó la carga afectiva y que fue reprimida. Los desplazamientos de la idea original permiten disminuir esta carga con la ayuda de la racionalización y los rituales que constituyen mecanismos de defensa frente a la angustia. Los rituales juegan un rol fundamental al momento de impedir o evitar que “un algo temido” suceda (si hago esto de esta forma, va a estar todo bien).

La defensa en la obsesión
Foto de Austrian National Library

Sostener el deseo sin realizarlo

En la neurosis obsesiva, lo terrible y temido es la realización del deseo ya que esto se encuentra ligado al deseo del Otro. Acá el terror y la carga afectiva responde al imaginario de perderse en el goce del Otro. La idea de perderse en el otro es lo que dispara la angustia y la correspondiente defensa. Perderse significa perder la condición de sujeto ya que esto representa dejar de existir.

Dejar de existir como sujeto
Foto de Ian

El papel fundamental del Otro

Lo que busca la persona obsesiva es ser reconocida como sujeto por el Otro. En este punto, la relación imaginaria con el Otro es fundamental para sostener el deseo sin realizarlo. Lo que importa no es realizar el deseo ya que eso es lo terrible. Lo más importante es mantener el juego de ignorar la prohibición del Otro para luego restituirlo pidiéndole permiso. Este juego al parecer ambiguo es lo que esconde la rumiación mental y el exceso de racionalización en la neurosis obsesiva: hacer lo que el Otro prohibe con su permiso.

Sin la prohibición, sin el esfuerzo o la hazaña que reviste al deseo, sin esa distancia que lo hace imposible, el deseo deja automáticamente de serlo. Si no es imposible, ya no es deseo. De ahí que la compulsión propia de la obsesión sea la duda ya que es ella la que garantiza el aplazamiento permanente de cualquier posibilidad de realizar el deseo.

Prohibir el deseo del Otro
Photo by Sarah Kilian

El deber ante todo

En su magnífico libro “El infierno del deber“, Denise Lauchad describe con extrema precisión y detalle lo que configura el discurso del obsesivo. Allí, define a este sujeto como “un esclavo, prisionero, condenado a trabajos forzados”. El obsesivo, afirma, es como una increíble fortaleza en la que monta guardia en medio del desierto. No se defiende del otro, se defiende del goce del Otro. Una relación imaginaria que reviste el carácter de infierno para quien la padece. En este contexto, el Otro no debe desear porque esto llevaría a ocupar el lugar de objeto de su demanda y esto implica morir o dejar de existir como sujeto.