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Pequeño Lacancito Ilustrado

Tal para cual.

Otro historia de desamor.

Los personajes y hechos retratados a continuación son completamente ficticios. Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia. Es neurosis.

Acompáñeme. L@ invito a adentrarse en la relación de Juan y María. Dos que son tal para cual. Juan tiene una estructura obsesiva. María, en cambio, una estructura histérica. No se equivoque. El género no importa. Juan podría ser el histérico y María la obsesiva. Incluso, podrían ser María y Laura o Juan y Pedro. Eso no es lo importante. Lo importante es lo que la dinámica de la relación puede enseñar.

Es probable que en algún momento, sonría pensando en alguna persona o pareja que conoce. Puede pasar también, que descubra detalles de alguna relación pasada ya superada o de una relación presente que viene remando. Cualquiera sea el caso, permítase descubrir aquellas cosas que usted intuye y que ahora podrá ver con mayor claridad.

Tal para cual
Foto de 🇨🇭 Claudio Schwarz | @purzlbaum

¿Satisfacer o no satisfacer? Esa es la cuestión.

A María y a Juan, no los une el amor, aunque son pareja. Los une el espanto: la perfecta complementariedad de sus neurosis. Por su estructura, ella ha escapado siempre de su deseo. Podemos afirmar que, de tanto escapar, ya se ha olvidado que existe ¿Por qué se escapa? Porque teme descubrir que la realización de su deseo no estará nunca a la altura de su fantasía de satisfacción total y de completud.

He aquí uno de los rasgos fundamentales de María: la insatisfacción. No importa lo que Juan haga, ella jamás se sentirá satisfecha. Y eso es, justamente, lo que la neurosis de Juan pide a gritos: satisfacerla al punto en que no quede falta alguna en ella. Tal para cual.

el vaso medio vacío
Foto de Andreea Ch

¿Qué ves cuando me ves?

Juan, respondiendo al manual del obsesivo, busca desesperadamente ser reconocido como sujeto por María. Por eso permanece y con eso alimenta la relación. Está capturado en la trampa del deseo del otro. Juan necesita que la mirada del otro, la de María en este caso, le devuelva su propia imagen. Para el obsesivo, la dificultad es lo que causa y lo que sostiene el deseo. Él debe mantenerse siempre a una distancia prudencial de su deseo para que ese deseo subsista. La prohibición tiene por función sostener el deseo en él. Jamás realizarlo.

la mirada del otro
Foto de Amine M’Siouri

Deseo tu deseo.

La dinámica histérica de María le permite manejar dos tiempos claramente diferenciados. Primero, la idealización de Juan, su objeto de amor actual. Segundo, la necesidad de frustrarlo y humillarlo ¿Por qué? Quizás por un reclamo a la madre por algo que no le fue dado o al padre por haberla defraudado. El Otro, atrás del otro. Siempre.

Lo que María busca es identificarse con el deseo de Juan para encarnarse así en la mujer deseada por él. Invoca permanentemente el deseo del otro. Erotiza todo a su alrededor ¿Para qué? Para castrarlo. Para frustrarlo. Para que el otro experimente la insatisfacción permanente a la que se sintió y se siente sometida ella.

Deseo tu deseo
Foto de Xuan Nguyen

No desearás.

Por su lado Juan, arma sus defensas contra toda tentativa de acercamiento que implique convertirse en el objeto de deseo del otro, de María. Una defensa levantada no contra el otro, sino contra el goce del Otro, de su madre. Y de María, claro. Para Juan, el Otro no debe desear, porque entonces sería necesario ser el objeto de su demanda lo que para él equivale a morir como sujeto deseante. A perderse en el Otro.

defensas
Foto de Mike

No hay dos sin tres.

El mecanismo de María precisa siempre incorporar la figura de un tercero en la relación para favorecer la rivalidad y el conflicto. Su estructura histérica necesita en Juan una apariencia de completud para buscar y poder encontrar el punto donde frustrarlo, desvelar esa imagen de plenitud y hacer presente la falta. La persona que acepta su falta, no es atractiva para la histeria que pierde todo interés. La búsqueda centrada en las fallas del otro, evitan a su vez que María tome contacto y registro con sus propias fallas. María busca la falta en Juan. Juan busca que no haya falta en María. Tal para cual.

A diferencia de la histeria, que busca e interroga al amo para someterlo, el obsesivo cuestiona aquello que lo domina, aquello a lo que él está sometido. Sostiene su posición de sometimiento. El obsesivo es esclavo, un prisionero condenado a trabajos forzados por propia elección.

no hay dos sin tres
Foto de cottonbro

¿Padre, estás ahí?

La modalidad de defensa contra el deseo en Juan es doble: se defiende contra su propio deseo a la vez que se defiende contra el deseo de la madre ¿Y el padre de Juan? Adivinó: ausente, frustrado, débil e impotente a la sombra de una madre histérica que jamás le dio el rol de objeto de su deseo, el lugar de falo que tanto hubiese necesitado el niño Juan.

La conducta de María tiene como fin recrear un estado centrado en el objeto que funciona como soporte de una insatisfacción. Mientras tanto para Juan, el objeto suponemos aportó demasiado placer. Más de lo recomendable. Por eso, siempre evitará la finalidad y el fin de su deseo. Por eso, para él, todo lo que aparece en el campo del deseo está ligado a la culpa. Si ama a una mujer, no la desea, y si la desea no puede amarla. El objeto elegido para eludir el incesto le recuerda en algún rasgo, el objeto que trata de eludir.

culpa
Foto de Shalone Cason

Colorín, colorado.

Si Juan no fuese Juan, seguramente perdería interés en María al descubrirse incapaz de satisfacer en algo su insatisfacción permanente y partiría sin mas. Por otro lado, si Juan no fuese Juan y fuese un sujeto directo que acepta su falta y hace explícito su deseo, no habría captado jamás el interés de María. Si María no fuese María, hubiese partido apenas descubrir que Juan no puede amarla si la desea o desearla si la ama. Lugar incómodo para alguien si lo hay. Pero Juan es Juan y María es María. Tal para cual.

Terminamos por hoy.