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Pequeño Lacancito Ilustrado

Tome asiento, póngase incomod@

adelante tome asiento póngase incomod@

Zona de ¿confort?

Según el Diccionario de la Real Academia Española, confort significa bienestar o comodidad material. Bajo estos términos, es lógico que usted, conscientemente, haya destinado y destine toda su energía para arribar a este estado. Seguramente, no quiere sentirse incómod@. Pero, en estas cuestiones usted bien sabe, dos más dos no siempre, y cada vez menos, resulta igual a cuatro.

confortablemente adormecido
Foto de mark chaves

Sentir o no sentir, esa es la cuestión

Por definición y para arribar a esta meta, está implícita  la necesidad de ausencia de cosas tales como ansiedad, angustia, tristeza, dolor, enojo y todo aquello que comprometa su bienestar y, por ende, su confort. Sin todo esto, usted sería feliz. Si la felicidad existiera claro. Pero esta última -la felicidad- al igual que su zona de confort es sólo más de lo mismo: espejitos de colores. Zanahorias inexistentes mediante las cuales usted ha entregado y entrega todos los días su deseo a un Otro, a cambio de una sobrevalorada comodidad que le garantiza, falsamente, no sentir nada “malo” en lo inmediato al módico precio de no sentir absolutamente nada en un futuro no muy lejano. Usted busca no sentirse incómod@, no sentir miedo, no sentir angustia, no sentir ansiedad… Usted va en camino de no sentir nada. Hay algo que seguro ya no teme: perder su deseo porque, sencillamente, ya lo perdió. Mejor dicho: lo entregó.

dejar de estar incómod@
Foto de Oliver King

Pida un deseo, el suyo

Psicoanalíticamente hablando, usted es “sujeto de su deseo”. Usted será usted, usted será sujeto mientras desee. SI entrega su deseo al deseo de Otro, usted ya no será usted. Usted ya no será sujeto. Sin registro consciente de lo que ocurre, usted se habrá convertido en una marioneta de un deseo ajeno imaginario. El deseo es su motor, su vitalidad, su propósito. Puede que lo o la haga sentir incómod@ en ocasiones, es verdad. Pero también es la patada en el culo que lo impulsa cada día hacia adelante al disfrute de la vida y es, también, aquello que define su subjetividad. El disfrute incluye jugar un juego en donde siempre le falta algo que retroalimenta su deseo y lo lleva a seguir en movimiento. Siente un poco de ansiedad, a veces angustia pero también siente placer, alegría, orgullo y otras emociones como premio por haber sido fiel a su deseo. Gana y pierde, como la vida misma.

el deseo es tu motor
Foto de Polina Zimmerman

Perdido por perdido

En su zona de confort, no existe el perder pero tampoco existe el ganar. Al eliminar el concepto de perdida, se elimina automáticamente el concepto de ganancia. Lo curioso es que la forma de evitar las posibles pérdidas es perder todo de entrada. Al entregar su deseo, usted ya no tiene nada que perder. Ya no hay miedo, no hay ansiedad y la angustia es silenciada a cambio de un supuesto “bienestar o comodidad material”. El que no arriesga no gana. Es verdad, tampoco pierde. Pero anular la posibilidad de ganar por no sentirse incómod@ en referencia a ciertos temas, es haber perdido sin siquiera haber jugado. No obstante, mientras hay vida, hay juego. Pero el juego de la zona de confort es mucho más sombrío.

Apostar por el deseo propio
Foto de Michał Parzuchowski

La cárcel de la seguridad

En el tango “Cuesta Abajo”, se describe con maestría, síntesis y poesía el sentimiento más profundo que anida en quien se mueve por los arrabales de su zona de confort resumiéndolo en la frase: “La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”. Usted siente que alguna vez “fue”, melancólico ayer cuando tenía presente su deseo, pero que ya no “es”. Su deseo se ha perdido y sólo queda administrar la alienación al deseo del Otro a cambio de seguridad y comodidad.

salir de la zona de confort es dejar de estar incómod@
Foto de Travis Saylor

La dolorosa comodidad del esclavo

Usted está pero su deseo está a años luz de este espacio-tiempo. Aprendió, sin ser consciente, a servir a un deseo ajeno a cambio de no enfrentar la responsabilidad de sus propias decisiones y de su propio deseo ¿Qué tengo que hacer para no sufrir, para ser amado o amada, para ser reconocido o reconocida, para que la ansiedad, la angustia y el dolor desaparezcan? Usted pregunta en su imaginación. Y se responde en su imaginación. Usted sirve a un amo y busca un amo a quien servir y a quien culpar si no obtiene el reconocimiento que busca. Reconocimiento que nunca será suficiente. Su goce está en servir.  En el confort de servir o quizás, en palabras de Denise Lachaud, en “El infierno del deber”. La zona de confort es lo malo conocido que para muchos y muchas es una apuesta más segura que lo bueno por conocer.

El infierno del deber
Foto de Jon Tyson

¿Deseo, estás ahí?

No siempre fue así. Alguna vez usted supo jugarse por su deseo y disfrutó de la vida como ahora extraña. Incluso, quizás, no puede recordar con precisión ese momento pero aún conserva la profunda sensación de un tiempo pasado en el que todo fue mejor. Seguramente en algún momento de su historia, perdió, perdió mucho y no contaba con la estructura para poder procesarlo. En ese momento, se sintió mucho más que incómod@. La perdida fue dolorosa al punto que la sintió insoportable y usted cedió su deseo para seguir. Quizás llegó el momento de volver a por él. Sólo usted lo sabe.

saltar
Foto de Temo Berishvili

Hagan sus apuestas

El vacío existencial, existe. Crear, inventar, dar un significado nuevo y personal allí donde no existe sentido, es ser un@ mismo. Para que la rueda empiece a girar, es necesario que usted escuche a su mejor aliada, aquella que, en palabras de Lacan, es el afecto que jamás engaña: su angustia. Usted, seguramente, la detesta, busca escapar de ella, alejarla, callarla pero ella es su mejor remedio. Remedio amargo, es verdad, pero esa es la garantía de su efectividad. Acérquese a ella, escúchela con todo su cuerpo y, por fin, atraviésela. Del otro lado, está su deseo. Sus ganas de volver a jugar, ya sin miedo a perder, el juego más maravilloso que puede jugar: la vida misma.

Terminamos por hoy.

 Sandra Mihanovich – Honrar la vida