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Pequeño Lacancito Ilustrado

Vacío, falta y deseo

Vacío, falta y deseo

Lo que faltaba: la falta

La aceptación de la falta es, probablemente, el camino más seguro para alcanzar su bienestar psicológico. No la felicidad. La felicidad es una abstracción ilusoria más relacionada con el goce que con el deseo. El goce es siempre un camino de ida que no lleva a otro lugar más que al exceso de demanda autodestructiva. El goce es el “quiero todo”. Es la negación de la falta y del entendimiento de que todo “tiene un límite”. Nosotros tenemos un limite, el placer tiene un limite y la vida misma tiene un límite: la muerte. Seguramente, el límite más claro e incuestionable. Cuando el placer no tiene límites deja de ser placer y pasa rápidamente a ser sufrimiento y angustia. El sufrimiento de no haber aceptado la falta sobre la cual se construye nuestro deseo.

La falta en relación al deseo
Foto de Ann H

El objeto del deseo

Es importante, discernir entre el deseo y el objeto sobre el cual el deseo se monta para obtener gratificación y placer en su realización. Un viaje, un reloj, un pantalón, un vestido, un auto, una casa o una relación sexual, entre millones de otras cosas, pueden ser objetos de su deseo. El deseo es una plataforma que subyace y que le garantiza la permanente renovación de los objetos para que usted pueda seguir deseando ¿Por qué es fundamental que usted pueda seguir deseando? Porque el deseo es el motor de su existencia.

El deseo mueve la vida
Foto de Ava Sol

El origen del deseo

Su vida en este momento es, por decirlo de alguna manera, una película que empezó hace tanto tiempo como años tenga. Usted no recuerda ese momento. Es más, ni siquiera tuvo la posibilidad de comprender lo que estaba sucediendo cuando nació su deseo. En ese momento, no había ingresado aún al mundo de la palabra que es lo que le permite imaginar, simbolizar, conceptualizar, comprender y asimilar lo que sucede.

Nacer, vivir, desear
Foto de Vidal Balielo Jr.

Dos que fueron un@

Usted nació. Antes de asomar al mundo, era conceptualmente uno o una con su madre. Al nacer, se produjo la primera gran separación. Para el mundo, usted dejó de ser “la panza” y su madre, junto con la panza, perdió una sensación de completud irrecuperable. Usted dejo de ser una parte de ella, algo no menor para ambos. Ahora, para usted, ella es mucho más que la mujer que es. Ahora, ella es todo. Su leche, su perfume, su olor, su tono de voz, su presencia o ausencia se convierten en una experiencia primitiva y sensorial de una profundidad tal que, por más que inconscientemente trate de volver a experimentar tamaña unidad en el futuro, jamás podrá revivirla.

El origen de la falta
Foto de freestocks

El objeto “a”

Algo no menor se perdió. Esta pérdida va a dar paso al nacimiento de su deseo. Lacan llamó a eso que perdió para siempre el objeto “a” (a=autre=otro). Lo que se perdió dejó un vacío. Un vacío que lo va a acompañar a lo largo de toda su vida. El vacío no es la falta. La falta genera un vacío y lo introduce en una búsqueda vital movida por su deseo. Deseo que, de realizarse, promete regalar una sensación orgásmica de completud, la sensación de que, por fin, no le falta nada. Sensación que podrá prolongarse más o menos pero que luego desaparecerá para iniciar una nueva búsqueda motivada por el deseo de algo nuevo o diferente. Siento que me falta algo. Siente bien. Le falta y puede estar agradecido de que así sea. Lo peor que podría pasarle es que le falte la falta. 

La fata es el motor de su vida.
Foto de Mike

Cuando lo que falta es la falta

La aceptación de la falta es el producto de un buen fluir del proceso de castración. Lejos de ser algo perjudicial, la castración implica su comprensión profunda de que “todo no se puede” y de todas sus variantes: No puedo ser todo para mí ni para nadie, todo no depende de mí, para ganar algo tengo que perder algo, todo lo que empieza alguna vez termina, etc. La castración está íntimamente relacionada con la ley. Una ley que está por sobre todo y por sobre todos.

Sin comprender esta dinámica de vacío, falta y el deseo, usted puede quedar perdido en la no aceptación de su propia castración y embarcarse en una caprichosa y desesperada búsqueda permanente de “algo” que obture la falta para siempre, como si encontrar ese algo permanente fuese el objetivo de su vida. De acá nacen los imaginarios “para toda la vida”, condición de perpetuidad inexistente y origen del sufrimiento y del no disfrute. Usted ya se habrá dado cuenta: nada ni nadie podrá cargar con tamaña empresa de ser todo. De hacerlo, que es imposible, estaría matando la capacidad de desear y sumiendo al sujeto en una depresión incomparable. Ya conseguí lo que quería ahora sólo resta la melancolía y morir.

Vacio, falta, deseo y consumo
Foto de Jing Xi Lau

La falta en tiempos del consumismo

No son tiempos fáciles para manejar la falta. La cultura predominante del consumo l@ lleva a creer que todo se puede. Usted puede ser lo quiera y, si no lo es, puede comprarlo. La falta y el vacío son interpretados como la misma cosa y son presentados como sinónimos de sufrimiento. Usted sufre porque le falta algo entonces: haga ese viaje, tenga sexo con ella, él, ellas o ellos, lea este libro, vea esa serie, cómprese algo y dejará de sufrir. El imperativo del goce le ordena gozar sin pausa. A diferencia de otros momentos de la historia, el problema no es la falta que da vida al deseo sino la multiplicidad de objetos con los que se pretende llenar el vacío ignorando la falta y el origen mismo de su deseo. El resultado: estamos llenos de nada.

Falto algo?

Claro que el tema es demasiado amplio para una sola y modesta publicación que incluso puede sonar pobre y quizás hasta equivocada en ciertos conceptos. Lo importante cuando hablamos del vacío, la falta y el deseo, es que usted intuya que la falta que experimenta, es su aliada. Es el mágico motor que da vida a su capacidad de desear.

Terminamos por hoy.

 Fabiana Cantilo – Nada es para siempre.